La
heterosexualidad obligatoria o heteronormatividad es un régimen
social, político y económico que impone el patriarcado y la
heterosexualidad, a través de diversas instituciones que presentan
la heterosexualidad como necesaria para el funcionamiento de la
sociedad y cómo el único modelo válido de relación afectiva y de
parentesco. Para ello se retroalimenta con mecanismos sociales como la
marginalización, invisibilización o persecución. Ésto incluye la idea de
que todos los seres humanos recaen en dos categorías distintas y
complementarias: varón y mujer.
"No creo en la "violencia de género",
creo que el género mismo es la violencia, que las normas de masculinidad
y feminidad, tal y como las conocemos, producen violencia." - Beatriz
Preciado
"Si algo así como una Ética LGTBQ es pensable y deseable, ha de partir
del hecho de que la lucha contra la homofobia no puede darse
aisladamente haciendo abstracción del resto de injusticias sociales y de
discriminaciones, sino que la lucha contra la homofobia sólo es posible
y realmente eficaz dentro de una constelación de luchas conjuntas
solidarias en contra de cualquier forma de opresión, marginación,
persecución y discriminación. Repito. No por caridad. No porque se nos
exija ser más buena gente que nadie. No porque tengamos que ser
Supermaricas. Sino porque la homofobia, como forma sistémica de
opresión, forma un entramado muy tupido con el resto de formas de
opresión, está imbricado con ellas, articulado con ellas de tal modo
que, si tiras de un extremo, el nudo se aprieta por el otro, y si
aflojas un cabo, tensas otro. Si una mujer es maltratada, ello repercute
en la homofobia de la sociedad. Si una marica es apedreada, ello
repercute en el racismo de la sociedad. Si un obrero es explotado por su
patrón, ello repercute en la misoginia de la sociedad. Si un negro es
agredido por unos nazis, ello repercute en la transfobia de la sociedad.
Si un niño es bautizado, ello repercute en la lesfobia de la sociedad”. - Paco Vidarte
Oscar Guasch, opina que en la actualidad, la homosexualidad ha
perdido su capacidad de transgresión y su esencia revolucionaria y se ha
convertido en una subcultura inserta en el sistema: “cada vez más
integrada en el circuito de producción y de distribución capitalista
(sobre todo en el sector servicios y en la industria del ocio)”. Esta
subcultura se caracteriza por no ser exótica, sino propia del sistema,
y representa valores que han pasado a la cultura heteronormativa, como
el paso de una sociedad de familias a una sociedad de individuos, el
hedonismo, el culto al cuerpo, el mito de la eterna juventud, la cultura
del ocio, el consumismo, la superficialidad o la promiscuidad sexual.
En lugar de tratar, perseguir "ser igual" que todo el mundo (y pretender que "todos" signifique: blancos, de clase media, conservadores y heterosexuales), la política "queer" implica la demanda del respeto y de la igualdad para cualquier modo de vida que opten por tomar las personas, independientemente de su género, su orientación sexual, su raza, su nivel socioeconómico, su edad o su religión.

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