Con un mismo fin y entregado a la obra liberalizadora de Ignacio Martín-Baro, (quien señaló la importancia de reconstruir la memoria histórica del conjunto de pueblos latinoamericanos, haciendo hincapié en El Salvador, pues fue el suyo propio), trataré de realizar un análisis de la realidad y memoria histórica española, y a partir de la misma, potenciar las virtudes populares, habiendo ya desideologizado por completo el sentido común y la experiencia cotidiana en la cual, nos hayamos atrapados.
La peligrosa batalla por alcanzar la satisfacción cotidiana de la multitud de necesidades básicas, ha forzado a las mayorías populares, a consolidarse en un permanente presente psicológico; en un aquí y ahora carente de un pasado del que predecir nuestro devenir futuro. El pueblo español, lejos de reconstruir su verdadera historia y sanar el conjunto de heridas provocadas durante la fría guerra civil (que asoló al país durante la década de los treinta, torciendo una república progresista, en favor de un régimen dictatorial, terrorífico y opresor de libertades y Derechos Humanos), creyó conveniente tratar de cicatrizar su dolor a través de una Constitución y una monarquía herederas del golpe, que si bien resultaron ser democráticas, dejaron en la estacada ha miles de ciudadanos en favor del discurso dominante (establecido por las distintas élites políticas) que condeno nuestra memoria, al edificar y estructurar una realidad aparentemente natural y ahistórica, apoyada en una falsa amnistía; obligándonos ha aceptar un sistema, bajo el miedo, la constante amenaza política y el shock de un resurgir franquista, o peor aun, de una nueva y devastadora guerra civil.
Por todo ello, nos resulta imposible, extraer no sólo lecciones de la propia experiencia, sino también de las raíces de la propia identidad española, tanto para interpretar el sentido de lo que actualmente es, como para vislumbrar las diversas alternativas con respecto a lo que puede llegar a ser.
Frente a todo ello, en nuestros era, recuperar la memoria histórica española supone descubrir selectiva y exhaustivamente, mediante la memoria colectiva (sin excluir ninguno de ambos bandos, republicano o nacional), elementos del pasado que fueron eficaces para defender los intereses de las clases explotadas, ya que continúan resultando útiles para los objetivos de lucha y concientización (a fin de sanar los daños, esclarecer los hechos y alcanzar el perdón).
Por ello, la recuperación de la memoria histórica española debe suponer la reconstrucción de diversos modelos de identificación que, en lugar de encadenar y flagelar a los ciudadanos, les abra el horizonte hacia su posterior liberación y realización.
Asimismo, como ha quedado señalado, resulta imprescindible contribuir en la desideologización de la experiencia cotidiana. Dado que el conocimiento es una construcción social, España vive sometida a la mentira de un discurso dominante que niega, ignora, tergiversa y disfraza los aspectos esenciales de la realidad. El mismo garrotazo cultural dirigido y orientado por los medios de comunicación masivos, constituye un marco de referencia en el que difícilmente pueda encontrar adecuada formalización la experiencia cotidiana de la mayoría de las personas, sobre todo, de los sectores populares, ya ancianos que sufrieron la época. Se va conformando así un ficticio sentido común, una engañosa y alienadora historia, eficaz en lo que respecta, al mantenimiento de las actitudes de conformismo ciudadano.
Como señala Ignacio Martín-Baro, desideologizar supone rescatar la experiencia original de los grupos y personas y devolvérsela como dato objetivo, lo que permitiría formalizar la conciencia de su propia realidad verificando la validez del conocimiento adquirido. Así, en el pueblo español debe realizarse, en lo posible, a partir de un proceso de participación crítica en la vida de los sectores populares, lo que representaría una cierta ruptura con las formas predominantes de investigación y análisis.
Finalmente, debemos trabajar por potenciar las virtudes del pueblo español: su capacidad de entrega y de sacrificio por el bienestar social y colectivo, su tremenda fe en la capacidad humana de transformar el mundo, y finalmente, su esperanza en un mañana que aun hoy día, se le sigue negando.


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