domingo, 25 de marzo de 2012

Hacia un Libertarismo MARICA: TEORÍA QUEER


La heterosexualidad obligatoria o heteronormatividad es un régimen social, político y económico que impone el patriarcado y la heterosexualidad, a través de diversas instituciones que presentan la heterosexualidad como necesaria para el funcionamiento de la sociedad y cómo el único modelo válido de relación afectiva y de parentesco. Para ello se retroalimenta con mecanismos sociales como la marginalización, invisibilización o persecución. Ésto incluye la idea de que todos los seres humanos recaen en dos categorías distintas y complementarias: varón y mujer.


"No creo en la "violencia de género", creo que el género mismo es la violencia, que las normas de masculinidad y feminidad, tal y como las conocemos, producen violencia." - Beatriz Preciado


"Si algo así como una Ética LGTBQ es pensable y deseable, ha de partir del hecho de que la lucha contra la homofobia no puede darse aisladamente haciendo abstracción del resto de injusticias sociales y de discriminaciones, sino que la lucha contra la homofobia sólo es posible y realmente eficaz dentro de una constelación de luchas conjuntas solidarias en contra de cualquier forma de opresión, marginación, persecución y discriminación. Repito. No por caridad. No porque se nos exija ser más buena gente que nadie. No porque tengamos que ser Supermaricas. Sino porque la homofobia, como forma sistémica de opresión, forma un entramado muy tupido con el resto de formas de opresión, está imbricado con ellas, articulado con ellas de tal modo que, si tiras de un extremo, el nudo se aprieta por el otro, y si aflojas un cabo, tensas otro. Si una mujer es maltratada, ello repercute en la homofobia de la sociedad. Si una marica es apedreada, ello repercute en el racismo de la sociedad. Si un obrero es explotado por su patrón, ello repercute en la misoginia de la sociedad. Si un negro es agredido por unos nazis, ello repercute en la transfobia de la sociedad. Si un niño es bautizado, ello repercute en la lesfobia de la sociedad”. - Paco Vidarte 

La heterosexualidad no es más que una construcción socio-cultural instalada en el imaginario colectivo como fenómeno natural, haciendo de la unión macho-hembra ley divina o ley físico-matemática. Ejemplo de ello, yace en la inocente pregunta que se les hace a las niñas, lejos de toda duda, sobre si tienen novio, sin ser conscientes de que, esclavizados por nuestra  pregunta, nos encontramos afirmando. Y al afirmar, imponemos una idea sobre lo que es normal, retroalimentando el mito heterosexual. El concepto de normalidad varía de cultura en cultura, por épocas y zonas geográficas; con ello, todo lo biológico en nosotros es cultural y viceversa. Así, una pregunta de signo contrario abriría un enorme abanico de posibilidades afectivo-sexuales, pero la mayor parte de los adultos son meramente incapaces de imaginarla, puesto que en su conciencia la heterosexualidad es la norma, invisibilizada como construcción, integrada en los supuestos de cómo es la vida (o más bien, cómo debería ser): la "Democracia es heterosexual".

Oscar Guasch, opina que en la actualidad, la homosexualidad ha perdido su capacidad de transgresión y su esencia revolucionaria y se ha convertido en una subcultura inserta en el sistema: “cada vez más integrada en el circuito de producción y de distribución capitalista (sobre todo en el sector servicios y en la industria del ocio)”. Esta subcultura se caracteriza por no ser exótica, sino propia del sistema, y representa valores que han pasado a la cultura heteronormativa, como el paso de una sociedad de familias a una sociedad de individuos, el hedonismo, el culto al cuerpo, el mito de la eterna juventud, la cultura del ocio, el consumismo, la superficialidad o la promiscuidad sexual.

En lugar de tratar, perseguir "ser igual" que todo el mundo (y pretender que "todos" signifique: blancos, de clase media, conservadores y heterosexuales), la política "queer" implica la demanda del respeto y de la igualdad para cualquier modo de vida que opten por tomar las personas, independientemente de su género, su orientación sexual, su raza, su nivel socioeconómico, su edad o su religión