domingo, 18 de marzo de 2012

No financies la Guerra: PACIFISMO RADICAL

(del lat. pacem: paz). Principio moral y político que reconoce la vida humana como valor social y ético supremo y que ve en el mantenimiento de la paz entre los grupos étnicos, religiosos y sociales, entre las naciones y bloques de estados, su ideal supremo. Incluye el respeto de la dignidad de la persona humana, de los grupos y pueblos, y de los Derechos Humanos en general. Contribuye a la comprensión mutua de gentes de diferentes culturas y generaciones. Rechaza la desconfianza, el odio y la violencia.

 La Noviolencia es un estilo de vida, un modelo de sociedad hacia el que se quiere caminar y método de lucha revolucionaria. Se basa en valores como: verdad, legitimidad, coherencia entre medios y fines, horizontalidad y respeto máximo a la persona humana sea cual sea el rol social que desempeñe. La Desobediencia Civil es una herramienta de la  propia Noviolencia, consistente en desobedecer y quebrantar pública y colectivamente una ley o norma que se considera individualmente injusta buscando su superación por la sociedad.

 Sabido es que el concepto “crisis” incluye también el aspecto positivo de la oportunidad de rectificar conductas inapropiadas, esquemas caducos o inercias nocivas. Es claro que el momento que actualmente vivimos es una buena ocasión para cambiar no pocas cosas de la sociedad de la que formamos parte. Una de ellas podría ser la fuerte militarización que padecemos.

No hace falta recordar el papel que el militarismo bélico juega en el escenario político, social y económico actual a nivel mundial. El empeño de los estados occidentales de mantener a toda costa guerras de invasión como las de Iraq o Afganistán, u ocupaciones militares como Haití y Líbano, por citar tan solo un par de ejemplos, no puede entenderse si no se tiene en cuenta la decidida apuesta efectuada por la gran economía multinacional, radicada en nuestro primer mundo, de controlar materias primas, vías de comunicación, mercados, fuentes energéticas…

Las consecuencias están siendo tan devastadoras para la población de esos países ocupados por nuestros ejércitos y para la propia sostenibilidad del planeta, que ya ni el telediario se molesta demasiado en camuflar dichos efectos. Mientras, la industria militar hace pingües negocios y no deja de crecer.

Por otra parte prospera asimismo otro tipo de militarización social consistente en la demolición sistemática de los derechos civiles: leyes de extranjería, endurecimientos del código penal, construcción de nuevas cárceles, videovigilancia, nuevos sistemas tecnológicos de control social… Para el militarismo en cualquiera de sus formas no hay crisis. El difuso poder económico y estatal que nos rige ha apostado por fortalecer estas herramientas de dominación y expolio, al tiempo que desmantela el resto de prestaciones sociales.

Por ello resulta fundamental que en este momento de caos mundial no nos dejemos arrastrar por la inercia del conformismo y nos unamos a otras personas para tratar de construir la sociedad del mañana a la que aspiramos. Las posibilidades y propuestas existentes son muy variadas y cada cual debe encontrar las que le resulten más útiles y éticas. Desde este escrito recomiendo la Objeción Fiscal al Gasto Militar: acción absolutamente sencilla para empezar a deslegitimar el militarismo y el injusto sistema social y económico que sustenta.


Es una campaña de desobediencia civil que grupos pacifistas y antimilitaristas proponen desde 1982 y en la que participan miles de personas cada año. En ella se invita a quienes realizan la declaración de la renta a expresar su rechazo a sostener el gasto de preparación de las guerras y del mantenimiento del ejército y otros cuerpos armados negándose a pagar a Hacienda una cantidad igual a la que en proporción va a estos destinos (según los Presupuestos Generales del Estado), y desviando ese dinero hacia una finalidad social beneficiosa. Cabe recordar, la inexistencia de esta casilla en el impreso de la renta, por lo cual es imprescindible dibujarla, explicando nuestras razones. La peor consecuencia que tiene hoy por hoy es que Hacienda, en unos pocos casos, nos reclama (o se niega a devolvernos) el dinero que hemos desviado.

 Con ello se exige el derecho de objeción de conciencia al pago de impuestos con fines militares de forma pública, colectiva, pacífica y consciente. Se trata de un gesto cívico y comprometido, por la paz, por un mundo sin violencia, sin guerras, sin ejércitos.




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