domingo, 11 de marzo de 2012

Libertad y otras Utopías vascas...

Año tras año, en el domingo de Resurrección cristiano, los nacionalistas vascos, aquellos que anhelan morir por su tierra, y otros tantos que matarían por ella, se reunirán conmemorando un acto absolutamente religioso el día de la patria vasca (Aberri Eguna). Lamentablemente, no podrán hacerlo juntos, puesto que las ramificaciones de Amaiur viajarán a Pamplona logrando que el resto de ciudadanos aparentemente libres, no logremos olvidar que Navarra forma parte del lote. No obstante desde ambas localidades, solemnizarán el día de una misma forma: reivindicando una sociedad uniforme, normalizada, en la que tan sólo tengan cabida quienes posean su misma visión aleccionada; donde sólo es vasco quien no es español, quien reclama la independencia; y así, son libres de gozar su vasquedad, quienes tergiversan nuestro pasado, nuestra historia, perdonando los crímenes de ETA; reduciéndonos al resto, a meros ciudadanos fascistas, al olvido, justo con sus víctimas. Por todo ello, saldrán a la calle una vez más, para celebrar el día de la patria.

Todo el entramado de los testaferros de ETA, nos recordará que, apoyados por el gobierno del Estado, se encuentran más fuertes de lo que lo han podido estar jamás. Quizá entonces comprendamos, que los diversos crímenes, atentados, secuestros, humillaciones y violaciones de libertad y de Derechos Humanos sirvieron de algo; quizá para aglutinarse entre las gentes de bien, pareciendo de los nuestros, de quienes nunca amenazaron ni extorsionaron, de los que siempre ampararon la ley, de los que protegieron una sociedad plural, de los defendieron que se les aplicase (también a todos ellos) unos derechos constitucionales, que desgraciadamente muchos de nosotros no hemos sido capaces de disfrutar: el derecho a la vida, el derecho a la libertad de expresión, el derecho a la libertad de movimiento… Y sin embargo, ya están aquí, entre nosotros, reconocidos por el poder político, ostentándolo, ejerciendo el liderazgo de ese pueblo que han venido construyendo a base de socializar a través del terror, asesinando a quienes no aceptaban ser normalizados… Comprendo entonces, que no soy más que una vieja ceniza empeñándose en hablar de todos aquellos hechos que han sido fuera de toda duda proscritos por lo políticamente correcto; soy consciente de que resulta más apropiado, cómodo y fácil, sonreír puesto que, ciertamente, no vamos a morir.

Sin embargo, me es imposible callar ante tanta indignidad, ante tanta complicidad, ante tanta cobardía. No puedo más que señalar esa nube de cloroformo que se extiende sobre Euskadi y sobre el resto de España. Una nube densa, que tapa conciencias, propiciando ese olvido que todo lo cura, que convierte en iguales a quienes sufren y a quienes siguen infligiendo el dolor: víctimas y verdugos. Ese olvido imprescindible para que los enemigos de la democracia se muevan como pez en el agua dentro de las instituciones plurales que quieren destruir; ese olvido que reclama Günter Grass a los alemanes respecto del holocausto.

Las huestes que fueron apuntalándose en la retaguardia con la ayuda de los que siempre creyeron (incluso mientras portaban féretros con los cadáveres de sus amigos asesinados por ETA) que los asesinos “tenían sus razones”, han terminado por salir a la luz. Hoy esas huestes hambrientas de poder y de dominio "okupan" nuestras instituciones y plazas públicas, bailando un aurresku de honor, recibiendo como a héroes a quienes salen de prisión llevando la cabeza bien alta, orgullosos de lo que son y de lo que hicieron. Y así, hoy, nos exigen que olvidemos. Quienes extienden el cloroformo hablan de “un tiempo nuevo”. Y sí, están en lo cierto: es la era en la cual que uno se ve marginado al sostener que no tenemos ningún tipo de deber u obligación moral de olvidar; es la época en la cual quienes valientemente afirman que ETA continúa existiendo, y que mientras eso sea así, sus diversos sustitutos (ahora aglutinados en un ente político representante del conjunto de la nación española) no deberían estar en las instituciones ni mucho menos ser tratados como demócratas ni pacifistas. En este tiempo nuevo de ceguera colectiva, cualquiera se cree con derecho a descalificar por exigir a este Gobierno lo mismo que se le exigió en su día al anterior: mientras ETA exista, ni agua

Es verdad: el “nosotros” se ha hecho cada vez más pequeño, pues hay mucha gente que ha salido de entre ese “nosotros” para abrazar la causa de los ganadores, por miedo quizá, por síndrome de Estocolmo posiblemente. Benjamín Franklin dijo una vez que “aquellos que pueden dejar la libertad esencial por obtener un poco de seguridad temporal, no merecen, ni libertad, ni seguridad.” , Joseba, nunca renunciaste a defender la justicia y la libertad; por eso hoy te lo mereces todo; y quisiera recordarte a ti y al resto de víctimas, a través de estas palabras de tu madre al Lehendakari socialista Patxi López: Carta a los nuevos ciegos

No me resigno a vivir en una sociedad mediocre, sin valores, sin esperanza, secuestrada por lo políticamente correcto. Propongo declararse incompetente para el olvido, la ceguera, la hipocresía, la neutralidad, complicidad… Puesto que comprender es imposible, recordar es un deber. Un deber que yo cumpliré mientras tenga vida. Pido por tanto, frente a esa religión biempensante nacionalista ser revolucionarios, a través de un proyecto político llamado Ciudadanía: es decir, la forma de integración social participativa basada en compartir los mismos derechos y no en pertenecer a determinados grupos vinculados por lazos de sangre, de tradición cultural, de estatus económico o de jerarquía hereditaria. Si algo debe ser globalizado y recordado hoy, es precisamente el reconocimiento efectivo y afectivo de lo humano por lo humano: en paz, libertad, igualdad, memoria y justicia. 

Parafraseando a Orwell, el nacionalismo vasco, es el vasquismo echado a perder; pervirtiendo la cultura (pues nadie nos conquisto), y escondiendo siglos de historia y apellidos del árbol genealógico detrás de rídiculas "K"s que camuflan complejos. Definitivamente, la sociedad vasca no necesita procesos de pacificación sino ciudadanos educados en la verdad: puesto que no hay libertad sin verdad, ni se cultiva la paz entre mentiras.

 Los resistentes tienen la última palabra: LIBERTAD

No hay comentarios:

Publicar un comentario