domingo, 26 de febrero de 2012

La semilla del diablo: CEMENTERIO NUCLEAR

Nadie conoce el rostro del diablo, pero en el imaginario popular es alguien que gusta del caldero y del agua hirviente para cocinar personas. Esta pasión es inherente en los defensores de la energía nuclear, ya que esta tecnología no es más que una gran olla a presión alimentada con el letal fuego radioactivo. Una tecnología destinada a poner en jaque a los seres humanos durante siglos y siglos una vez terminado su ciclo industrial o de diseño, pues la radioactividad no termina con el final de la central.

 Al dar un paso más al iniciar el proceso de articulación del cementerio nuclear centralizado de residuos de alta actividad (ATC, siglas de Almacén Temporal Centralizado) sin un calendario de cierre de las 9 centrales nucleares ubicadas en 7 emplazamientos, resulta imposible evaluar para cuantos residuos radiactivos.  Pero poderoso es don dinero, quien además, todo enmascara anunciando la construcción de un "Centro Tecnológico Asociado" al ATC, una instalación experimental nuclear para investigar con técnicas de transmutación. Un centro que implicaría tener que construir y albergar un reactor nuclear transmutador, instalaciones para el reprocesamiento y elaboración de elementos combustibles nucleares para ese reactor, con los riesgos de accidentes nucleares y escapes de radiactividad inherentes a su funcionamiento. O sea, más riesgos asociados.

 El ATC no es la solución. La solución real a los residuos radioactivos es asumir que las centrales nucleares fueron una lamentable decisión con la que centenares de generaciones inocentes tendrán que lidiar y asumir los riesgos legados. Para ello antes que asumir que hacer, y en espera de hallar una solución adecuada (el llamado almacenamiento geológico profundo sigue sembrando dudas con los residuos) hay que aprobar un CALENDARIO de CIERRE. Sólo de este modo se pueden hacer previsiones reales.

 A partir de este, la única solución sensata, solidaria y de mínimo riesgo, es asumir que sea en los recintos de las propias centrales nucleares en donde se construyan los llamados ATI (Almacenamiento Temporal Individualizado) en “seco” con contenedores sólidos. Los contenedores en los que se almacenan los residuos están cubiertos de acero, herméticamente cerrados, y recubiertos también de blindajes de hormigón y plomo de aproximadamente un metro de espesor. Curiosamente, esta tecnología es la que adoptarán en otros países en contra del ATC ya  que implica altos riesgos no sólo los derivados de la presencia, manipulación y almacenaje de los elementos de combustible nuclear que se ubicarían en el interior de la instalación ATC, sino que como hemos apuntado, por los asociados a los transportes de esos residuos radiactivos desde las centrales nucleares al ATC. Y porque la gestión de residuos en cada central asegura la inversión en mantener sin riesgo estas instalaciones una vez terminen su vida útil.

 Gracias a la propuesta del “concurso del diablo” diferentes municipios optan al “premio económico”. Cataluña tiene todo los números porque ENRESA tiene en esta comunidad autónoma la mayor parte de sus técnicos que han participado en el desmantelamiento de Vandellós 1 y porque tiene un gobierno autónomo presidido por quien concibió la idea y acostumbrado al pacto político de baja estofa por dinero. Sólo la unión de las plataformas sociales exigiendo el calendario de cierre programado sobre la mesa e instando a establecer el plan de construcción de los diferentes ATI en cada una de los recintos de las actuales centrales puede triunfar según Carlos Bravo, responsable de Energía de Greenpeace.

Como sucede a menudo con el diablo, de momento éste ya ha puesto su semilla valorada en una inversión de 700 millones de euros y la creación de más de 300 supuestos empleos, los desalmados se pelearán para que lo pongan en casa vecina. Un espectáculo como siempre dantesco, pero que refleja la inmadurez socioecológica colectiva. Lo demás, es hacer crecer la semilla para que nos asfixiemos con el calentamiento global, incrementando nuestras emisiones a base de frenar las renovables.

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