Nadie conoce el rostro del diablo, pero en el imaginario
popular es alguien que gusta del caldero y del agua hirviente para
cocinar personas. Esta pasión es inherente en los defensores de la
energía nuclear, ya que esta tecnología no es más que una gran olla a
presión alimentada con el letal fuego radioactivo. Una tecnología
destinada a poner en jaque a los seres humanos durante siglos y siglos una vez
terminado su ciclo industrial o de diseño, pues la radioactividad no
termina con el final de la central.
Al dar un paso más al iniciar el proceso
de articulación del cementerio nuclear centralizado de residuos de alta
actividad (ATC, siglas de Almacén Temporal Centralizado) sin un
calendario de cierre de las 9 centrales nucleares ubicadas en 7
emplazamientos, resulta imposible evaluar para cuantos residuos
radiactivos. Pero poderoso es don
dinero, quien además, todo enmascara anunciando la construcción de un
"Centro Tecnológico Asociado" al ATC, una instalación experimental
nuclear para investigar con técnicas de transmutación. Un centro que implicaría tener que construir y albergar un reactor nuclear
transmutador, instalaciones para el reprocesamiento y elaboración de
elementos combustibles nucleares para ese reactor, con los riesgos de
accidentes nucleares y escapes de radiactividad inherentes a su
funcionamiento. O sea, más riesgos asociados.
El ATC no es la solución. La solución real a los residuos
radioactivos es asumir que las centrales nucleares fueron una lamentable
decisión con la que centenares de generaciones inocentes tendrán que
lidiar y asumir los riesgos legados. Para ello antes que asumir que
hacer, y en espera de hallar una solución adecuada (el llamado
almacenamiento geológico profundo sigue sembrando dudas con los
residuos) hay que aprobar un CALENDARIO de CIERRE. Sólo de este modo se
pueden hacer previsiones reales.
A partir de este, la única solución sensata, solidaria y de mínimo
riesgo, es asumir que sea en los recintos de las propias centrales
nucleares en donde se construyan los llamados ATI (Almacenamiento Temporal Individualizado)
en “seco” con contenedores sólidos. Los contenedores en los que se
almacenan los residuos están cubiertos de acero, herméticamente
cerrados, y recubiertos también de blindajes de hormigón y plomo de
aproximadamente un metro de espesor. Curiosamente, esta tecnología es la
que adoptarán en otros países en contra del ATC ya que implica altos
riesgos no sólo los derivados de la presencia, manipulación y almacenaje
de los elementos de combustible nuclear que se ubicarían en el interior
de la instalación ATC, sino que como hemos apuntado, por los asociados a
los transportes de esos residuos radiactivos desde las centrales
nucleares al ATC. Y porque la gestión de residuos en cada central
asegura la inversión en mantener sin riesgo estas instalaciones una vez
terminen su vida útil.Gracias a la propuesta del “concurso del diablo” diferentes municipios optan al “premio económico”. Cataluña tiene todo los números porque ENRESA tiene en esta comunidad autónoma la mayor parte de sus técnicos que han participado en el desmantelamiento de Vandellós 1 y porque tiene un gobierno autónomo presidido por quien concibió la idea y acostumbrado al pacto político de baja estofa por dinero. Sólo la unión de las plataformas sociales exigiendo el calendario de cierre programado sobre la mesa e instando a establecer el plan de construcción de los diferentes ATI en cada una de los recintos de las actuales centrales puede triunfar según Carlos Bravo, responsable de Energía de Greenpeace.
Como sucede a menudo con el diablo, de momento éste ya ha puesto su semilla valorada en una inversión de 700 millones de euros y la creación de más de 300

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